A diferencia de las cortinas interiores, las lamas exteriores detienen el calor antes de ingresar, reduciendo cargas de aire acondicionado. Con orientación ajustable, bloquean el sol alto de verano y permiten el bajo de invierno, equilibrando temperatura y brillo. Además, su ángulo limita vistas directas desde la calle, reforzando la privacidad. Integradas en marcos discretos, se vuelven parte del lenguaje arquitectónico y ofrecen una experiencia lumínica suave, legible y eficiente todo el día.
Los tejidos microperforados permiten mirar hacia afuera, reducen deslumbramiento y atenúan la radiación, manteniendo una luz agradable que no aplana los colores. Con distintos factores de apertura, se escoge el equilibrio deseado entre transparencia y control. Desde la calle, las vistas hacia dentro se difuminan, favoreciendo la intimidad durante el día. En combinación con lamas o vidrios selectivos, forman un sistema de capas que se adapta a estaciones, climas y rutinas laborales o domésticas.
Sensores de irradiancia, luminancia del cielo y temperatura interior pueden mover lamas y bajar telas para sostener niveles constantes y evitar picos de deslumbramiento. Estos ajustes automáticos liberan a los usuarios de maniobras repetitivas y responden mejor que las rutinas humanas a nubes pasajeras. Con escenas predefinidas, el espacio mantiene privacidad durante horas críticas, reduce consumos y ofrece una luz suave y uniforme, ideal para leer, colaborar o simplemente descansar sin fatiga visual.